miércoles, 13 de abril de 2011

El Horizonte ha desaparecido

Se informa a la ciudadanía que el horizonte ha desaparecido. Valiéndose de la noche, el enemigo ha obrado de manera pérfida, como nos tiene acostumbrados, y al amanecer nuestras fuerzas han podido constatar todo lo largo de la Isla que ya no existe la línea del horizonte. Si aquellos que nos quieren destruir piensan que con ello van a mellar nuestra fe en el porvenir, ya deberían tener por sabido que a nosotros nada nos asusta, que el futuro nos pertenece por entero, que nuestros principios son indoblegables y que, ante todo, estamos consagrados y somos inmortales. A quienes creyeron que veíamos en el horizonte un símbolo de esperanza, también debemos recordarles que la fe va dentro de nosotros mismos, que nos acompaña como la gloria eterna, que la historia así lo ha confirmado y que ningún espejismo, por real que parezca, nos va a engañar. Y aún más, si pudieron en sólo unas horas borrar el horizonte, con ello no han hecho más que demostrar que el horizonte fue un invento, una patraña para tratar de engatusarnos y confundirnos. Lo que verdaderamente ha ocurrido es que el horizonte jamás existió, fue una quimera que nos inocularon con la finalidad de alocar nuestra brújula y hacernos adictos a las ilusiones. Nosotros permaneceremos firmes, inclaudicables, detrás de las trincheras que hemos cavado en el suelo de la Patria y que, por lo tanto, son sagradas.

Si ya no hay horizonte, son ellos los que se lo pierden.

HUGO SANCHEZ GONZALEZ.

viernes, 18 de marzo de 2011

¿Qué hacer para que funcionen las escuelas?

Credito:

Gabriela Rojas

El Banco Mundial dice: rendición de cuentas. En su recién publicado libro Making Schools Work: New Evidence on Accountability Reforms, los autores analizan las amenazas a la calidad de la educación en los países en desarrollo que no se pueden explicar por la falta de recursos. En el libro se hace una revisión de las fallas en el servicio público educativo y se desarrolla el modelo conceptual, en el que se destaca que una de las causas principales de un servicio público educativo inequitativo y de baja calidad es la poca o nula rendición de cuentas de los proveedores (escuelas) a sus supervisores (autoridad educativa) y a sus clientes (estudiantes y padres de familia). Además, el estudio propone y examina el impacto positivo de tres líneas de reforma para fortalecer la rendición de cuentas en el servicio público educativo:

1) Políticas que utilizan el poder de la información para fortalecer la habilidad de los clientes para hacer que los proveedores rindan cuentas de los resultados. 2) Políticas que promuevan la consolidación de la autonomía administrativa de las escuelas y el empoderamiento de los padres de familia. 3) Políticas que hacen a los profesores responsables de los resultados de sus alumnos y que generan un esquema de incentivos mediante la dependencia del contrato definitivo de trabajo y el pago variable del salario en su rendimiento profesional.

México claramente tiene un sistema educativo inequitativo y de baja calidad, y ni hablar de la casi nula rendición de cuentas. Se han registrado avances en la “cantidad” de educación (años de escolaridad), pero la calidad ha sido soslayada. Y ahí están los resultados. México está en el lugar 48 de 65 países evaluados por la OCDE y ocupa el último sitio de los 33 países miembros de la organización. De acuerdo con el reporte 2008 de la Comisión en Crecimiento y Desarrollo “The Growth Report: Strategies for Sustained Growth and Inclusive Development”, “Los países que han logrado sostener altas tasas de crecimiento han hecho un esfuerzo en la educación de sus ciudadanos y el desarrollo de su capital humano”.

¿Por qué no le apostamos a la educación? ¿Por qué no nos enfocamos en la calidad de ésta? ¿Por qué no está en la agenda nacional una reforma de fondo al sistema educativo nacional? Son preguntas que todos (gobierno y sociedad civil) nos tenemos que hacer y responder. Es nuestra responsabilidad.

grojas@eleconomista.com.mx

martes, 15 de febrero de 2011

Sin eufemismos: inició la privatización de la educación

Por Efraín Moreno Arciniega

La mentira más común es aquella con la

que el hombre se engaña a sí mismo. Engañar

a los demás es un defecto relativamente vano.

Friedrich Nietzsche

El anuncio del gobierno federal de decretar la deducibilidad del pago de colegiaturas en la educación básica del impuesto sobre la renta se llama sin eufemismos: Privatización de la educación. En lo particular, no me extraña; pero sí me pesa.

No me extraña, porque el Estado interventor y benefactor, como era el caso del estado mexicano post revolucionario, hace mucho fue cuestionado por los países líderes del sistema capitalista.

Al caer el muro de Berlín, dicho cuestionamiento se alza en el mundo como la visión triunfante y hegemónica: a partir de ese entonces, las leyes del capitalismo han regido todas las relaciones entre los países del mundo.

El Consenso Washington impulsado por las grandes potencias económicas del mundo, derivado de ese triunfo de las leyes del capital, sustentó la promoción, en la mayoría de los países, de reformas estructurales basadas en las leyes del mercado que fueron debilitando paulatinamente al Estado interventor.

En México, como en otros países, dichas reformas se reflejaron con la venta de empresas paraestatales; con la firma del TLC con los EE.UU; con la incorporación del país al OMC; y con la reducción de los impuestos arancelarios.

El Consenso Washington también demandó a los países reorientar el gasto en los rubros de educación y salud; que no era otra cosa, que la que el estado se desligara de estos servicios, dejándoles a los particulares y las leyes del mercado estos servicios; demandando de los mismos, únicamente intervenir para apoyar en lo básico a los sectores poblacionales mayormente marginados.

México, por razones políticas e ideológicas, había resistido a este último embate. El espíritu de la revolución del 10 y del constituyente del 17 lo frenaba.

Sin embargo, el decreto sobre la deducibilidad de impuestos por pago de colegiaturas del ISR, nos hace ver que ese espíritu empieza a declinar; poco a poco, a partir de mediados de los 80 se va construyendo un país muy distinto al que conformaron los gobiernos emanados de la revolución del 10.

Sin duda que esta visión del Consenso Washington y del imperio de las leyes del mercado, tuvo y tiene muchos seguidores en el mundo y en México.

En la educación por ejemplo, la exigencia de amplios sectores de la población de la libertad de enseñanza, es un ejemplo de la coincidencia con la visión descrita. Misma que ha sido sostenida por el clero católico, por amplios sectores de las clases medias y por los grupos de derecha en los que está incluido el PAN, que es el partido que hoy gobierna a México.

Rebatir la tesis de la libertad de enseñanza en un país como el nuestro de una gran tradición liberal, no es fácil. Si algo caracteriza a la tradición liberal es la lucha permanente por la libertad de los hombres para decidir sobre sus vidas. Y el hecho de que el ciudadano exija al Estado el derecho de educar a sus hijos de acuerdo a su forma de ver el mundo como padre, es algo propio e intrínseco de una sociedad liberal como la nuestro; porque ello constituye un derecho inalienable de los ciudadanos de este tipo de naciones.

Sabiamente el estado mexicano había superado esta contradicción con la institucionalización de la enseñanza privada.

Otro factor, que se suma a los dos anteriores descritos, y que también ha influido para que hoy el actual gobierno federal esté dando un paso importante hacia la privatización de la educación en México, es sin duda los malos resultados que el proyecto de la escuela pública presenta a la sociedad.

Es claro, que mucho de lo mismo, es responsabilidad del propio Estado al no poder cumplir cabalmente con lo establecido por el precepto constitucional del artículo tercero, tal vez por incapacidad financiera o por perversidad política o ambas cosas.

Pero también es claro, que mucho de esos malos resultados que hoy presenta la escuela pública, también se debe a la falta de compromiso e incapacidad manifiesta de muchos de quienes debieron y deberían estarla defendiendo por encima de todo: sus funcionarios, los maestros y su organización sindical.

A este respecto, ni siquiera vale la pena recontar hechos, todos sabemos a qué nos referimos.

Con el paso que hoy se está dando de parte del gobierno federal, en el sentido de fortalecer la privatización de la educación en México, la posibilidad de construirles una vida mejor a muchos niños y niñas que hoy viven en la más lacerante de las miserias se reduce más y más.

El modelo chileno, de entregarles el dinero a los padres para que ellos decidieran la escuela en la que querían que sus hijos se inscribieran; hoy el gobierno mexicano lo ha superado de manera más inteligente: no sólo le entrega el dinero a los padres, sino que, con su propuesta de deducibilidad ampliará la base de recaudación de muchos que hoy no pagan impuestos; es una pena que este dinero no vaya a ser para la escuela pública.

Para muchos funcionarios y maestros, que alguna vez me escucharon respecto de la necesidad de fortalecer la escuela pública, por los riesgos, que como el presente, se estaban viniendo; y que lo vieron como un discurso lejano y que nunca hicieron nada por la misma, les digo: nuestro vaticinio, lamentablemente se está cumpliendo.

Ahora, a los mismos les pronostico: mucho del paraíso económico que nos ha brindado hasta ahora la escuela pública, también se enrarece.

Esta decisión, hará sin duda un país más inequitativo del que hoy tenemos; por ello, la misma, como demócrata me pesa.

Círculo de lectura “La Tenebra”

Tepic, Nayarit, México.


Sociedad del Conocimiento

José Blanco
Puede leerse en la web de la UNAM un mensaje del pasado 10 de febrero: “A pesar de los avances registrados en materia educativa, México no está inserto en la sociedad del conocimiento, estableció el rector de la UNAM, José Narro Robles. Es preocupante, abundó, que los mexicanos tengan, en promedio, una escolaridad menor a nueve años, un rezago educativo de 33 millones de personas, y casi 6 millones de quienes no saben leer ni escribir. ‘Eso nos hace vulnerables frente a la posibilidad de incorporarnos plenamente al desarrollo’”.

Es aún más preocupante, agregaría en apoyo de lo dicho por enésima vez por el rector de la UNAM, que no sólo no estamos haciendo nada por incorporarnos a la sociedad del conocimiento, sino que ni siquiera nadie en este país lo está discutiendo (al menos públicamente). Sencillamente parece ser un asunto que al gobierno, a los partidos políticos, al propio sistema educativo tampoco le interesa, con rarísimas excepciones, como es el caso referido. Y vaya que hay debate en el mundo desarrollado sobre el asunto.

Escribo el 11 de febrero desde el marco de la OCDE Conference Higher Education in Cities and Regions Stronger, Cleaner and Fairer Regions, que tiene lugar en Sevilla, España. He oído a numerosos conferenciantes de diversos países del mundo exponer las dificultades y los mil puntos de vista sobre las articulaciones de las instituciones cuya responsabilidad es generar ciencia básica, ciencia aplicada y tecnologías, con una industria altamente compleja que en el mundo se desarrolla con velocidad meteórica.

Acaso el programa de mayor valor estratégico de la OCDE sea el Programme on Institutional Management in Higher Education (IMHE), una red internacional de profesionales y líderes de la educación superior, responsables políticos, gestores e investigadores, que ha reunido una vasta información sobre la educación en el mundo. Su propósito es la mejora de la calidad de la enseñanza y el aprendizaje, la medición del desempeño y los resultados del aprendizaje, el acceso y la competitividad regional, haciendo especial énfasis en la innovación.

Oír el discurrir de los conferenciantes de la Conferencia de Sevilla y los problemas que refieren, muestra una falla básica en la operación del IMHE. Una y otra vez, al referirse a la relación universidad-desarrollo industrial, se hace referencia más específicamente a la relación de la industria con la investigación científica y tecnológica. En Sevilla, por ejemplo, está creciendo de manera acelerada una importante industria de generación de energía eléctrica a partir de la radiación solar; una industria limpia, sin lugar a dudas, inmersa en una gran preocupación por la innovación en términos de su productividad. En Andalucía hay también una industria aeronáutica, con preocupaciones análogas. Pero en lo que toca a su vinculación con las universidades, repito, la innovación se espera como un producto de la investigación universitaria. No está mal, por supuesto. Pero en la universidad se piensa en la empleabilidad y se olvida la innovación en la formación de los recursos humanos. En este par de asuntos coincide y converge con la operación del IMHE.

No está mal pensar en el empleo de los egresados, pero sería mejor si se añadiera la preocupación por formar a egresados capaces de innovar al punto de poder volverse empleadores en industrias innovadoras. Algo que sólo es alcanzable si la universidad forma egresados innovadores lo que, a su vez, sólo es alcanzable por conducto de métodos y profesores asimismo innovadores.

En Europa estos egresados están siendo generados por un número creciente de universidades que cruzaron por el proceso de Bolonia, y su cambio radical en la organización del conocimiento y la adquisición del mismo por los estudiantes.

Sin embargo, es observable que, hasta hoy, es prácticamente inexistente la vinculación del trabajo que llevó a cabo el proceso de Bolonia, y la OCDE con su programa del IMHE. Al final de cuentas, las universidades exitosas en las transformaciones creadas por el proceso de Bolonia, terminarán haciendo quizá un mejor trabajo que el que lleva a cabo el IMHE, pero se antoja que una articulación inteligente entre esas universidades y el programa referido de la OCDE sería un atajo haca el crecimiento de la productividad europea.

El proceso de Bolonia ya ha terminado, y continuará, con vida propia, desarrollándose de muy diversos modos en las universidades europeas. Será un desarrollo desigual que dará ventajas a países como Alemania, Finlandia, Noruega o Dinamarca, ventajas ahora más acentuadas, si su educación superior, que tomó la delantera, puede mantenerla.

Ver a México desde estos escenarios, es mirar que cada día que pasa, es mucho tiempo perdido. El debate político sobre la sociedad del conocimiento no está a la vista, y mucho más lejos se ve cómo emprenderemos un camino cuya dirección apunte hacia algún modo de crear un acuerdo nacional producto de la conciencia de nuestro atraso formidable. Sólo crear un sistema de enseñanza básica para los niños, digno de ese nombre en el siglo XXI, se muestra como la cuarta tarea de Hércules. Comienza por limpiar los establos de Augías (aquí llamados SNTE), mediante el desvío de los ríos Alfeo y Peneo, para barrer toda la inmundicia acumulada.

Comunicado conjunto de Carmen Aristegui y MVS Radio

Buzz Mar, 15/02/2011 - 18:05

Los taches de las colegiaturas deducibles

Cubículo Estratégico

Carlos Mota

Bu
  • 2011-02-15•Al Frente

En el condado de Greenwich, Connecticut, uno de los más ricos del mundo, a 35 minutos al norte de Manhattan, las familias de mayor poder adquisitivo pelean porque su casa se ubique dentro de ciertos distritos escolares de educación pública. ¿La razón? Las primarias públicas de la zona se encuentran entre las mejores de Estados Unidos. Los ricos entre los ricos prefieren la educación que provee el Estado.

En los países desarrollados la educación pública es la mejor de todas. Nadie lo disputa. Ir a una escuela privada llega a ser una excentricidad de los nuevos ricos.

En México la educación pública básica es mayoritariamente mediocre. Es tan mala que los hijos de los presidentes, secretarios, subsecretarios, directores y hasta jefes de departamento de la administración pública la evitan a toda costa. Es como ir a un restaurante cuyo chef prefiere comer enfrente, en lugar de degustar lo que produce su propia cocina.

Ayer el presidente Calderón anunció algo que a muchos pone felices, la deducibilidad fiscal de las colegiaturas hasta el límite equivalente al promedio del costo al Estado de la educación pública por alumno. Era un largo anhelo de la clase media alta. En teoría es una buena noticia, pero podemos identificar algunos taches:

El primero es que el Estado está claudicando explícitamente a la posibilidad futura de crear un sistema de educación básica competitivo, que dé la pelea a las escuelas privadas. En el futuro, de entre las familias que puedan pagar ¿quién va a querer inscribir a sus hijos a una escuela pública si además ahora puede deducir las colegiaturas?

El segundo es que el gobierno no le cobra la factura de la mala educación pública al sindicato de maestros de la señora Elba Esther. Por el contrario, ¡el Presidente dijo que el costo fiscal será absorbido con “ahorros”! ¿No había llegado la hora de decirle a la señora que el costo de lo malogrado lo tiene que pagar su sindicato?

El tercero es que la brecha social se ampliará. La sociedad mexicana, clasista como es, tendrá incentivos para pagar incluso una colegiatura más cara, acentuando las diferencias de percepción entre los chicos sobre lo que significa ir a una escuela pública y a una privada.

martes, 21 de diciembre de 2010

5. Análisis: Educando para la mediocridad | Opinión | Denise Dresser

En lugar de educar para la prosperidad, las escuelas públicas del País están educando para la mediocridad. Para la parálisis. Para el rezago. Para que el País, en términos comparativos, pierda cada vez más terreno en la competencia internacional.

A principios de mes se hicieron públicos los resultados de la prueba educativa internacional, PISA, y nuevamente México volvió a quedar en un mal lugar. Quizás en la Secretaría de Educación Pública hay quienes se congratulen porque por lo menos estamos arriba de Albania, Argentia, Azerbaijan, Brasil, Indonesia, Jordania, Kazakhastan, Panama, Perú y Qatar. Pero será un pobre consuelo. A pesar de algunos pequeños avances documentados por la OCDE, las mediciones mostradas en matemáticas, ciencias y lectura resaltan un sistema educativo en crisis. En lugar de educar para la prosperidad, las escuelas públicas del País están educando para la mediocridad. Para la parálisis. Para el rezago. Para que el País, en términos comparativos, pierda cada vez más terreno en la competencia internacional en lugar de irlo ganando.

La verdadera sorpresa para muchos fue la posición de Shangai-China. En su primera medición, la ciudad ocupó el primer lugar a nivel global en las tres áreas evaluadas. Y más impresionante aún: las escuelas chinas con las peores evaluaciones quedaron a la mitad de la tabla de todos los países que participaron, incluyendo los miembros de la OCDE. China, en una generación, ha logrado transitar del atraso a la excelencia, demostrando así que es posible hacerlo. Pero en México insistimos en negar la realidad o cerrar los ojos frente a ella.

En muchos otros lugares del mundo, el avance chino ha producido señales de alarma en los pasillos del poder, entre los maestros, y más aún entre los padres de familia, preocupados por escuelas que no satisfacen las necesidades educativas más básicas. En Estados Unidos, por ejemplo, Barack Obama se ha referido a los resultados chinos como un 'momento Sputnik', recordando cuando la antigua Unión Soviética lanzó un satélite al espacio, demostrando que estaba a la par con su adversario en cuanto a avances tecnológicos. China ahora le demuestra al mundo que también se está convirtiendo en una potencia educativa.

En México, sin embargo, los resultados de la prueba PISA ocuparon las primeras planas de algunos diarios durante un par de días y después el tema regresó al cajón. Al archivero. Al último lugar de las prioridades nacionales, desplazado por la boda de Enrique Peña Nieto, la elección interna del PAN y la última ronda de encuestas políticas.

La pasión por mejorar la educación parece estar confinada a grupos pequeños de ciudadanos preocupados y algunas ONG´s como 'Mexicanos Primero'. Como ha sugerido David Calderón, estamos tan mal educados que ni siquiera sabemos cuan importante es la educación. Pero China lo entiende y en los últimos 10 años ha reformado sus escuelas y entrenado a sus maestros con el objetivo de producir alumnos de clase global. Pero en nuestro País la escuela pública se ha convertido en una fábrica para pobres; un lugar que condena a los mexicanos a quedarse en el mismo lugar en el cual nacieron, sin acceso a la movilidad social y poco preparados para la competencia global.

La mejor manera de reaccionar sería a través de una apreciación crítica y honesta de cómo llegamos a la pésima situación en la que estamos parados. Con altos índices de abandono educativo. Con un nivel de desempleo alto y con una informalidad aún mayor. Con resultados que colocan a los jóvenes en una ruta de colisión con el futuro. La economía global que surgirá de esta recesión será muy diferente: la competencia entre los mercados emergentes será mayor y sólo los países que cuenten con una fuerza de trabajo competente y capaz podrán salir del hoyo. Va a ser necesario un esfuerzo educativo nacional que enseñe no sólo lo básico. Va a ser indispensable producir mexicanos creativos, críticos, pensantes, capaces de entender problemas complejos y cómo resolverlos. Y ello requeriría comprender la urgencia de transformar nuestro sistema educativo para sustituir la mediocridad por la excelencia.

Muchos piensan que eso no será viable mientras Elba Esther Gordillo siga al frente del SNTE. Mientras los maestros puedan vender, heredar o intercambiar sus plazas por favores sexuales. Mientras los gobernadores puedan oferecer plazas al mejor postor y hagan de ello un gran negocio. Mientras la clase política conciba a la educación como un coto político en vez de un trampolín social. Hoy el debate incipiente en torno a la educación está imbuido de un gran pesimismo frente a obstáculos que parecen insuperables.

Pero como lo revela un reporte reciente de McKinsey sobre la evolución de veinte sistemas educativos en lo últimos años, el cambio es posible y no habrá que esperara hasta que La Maestra se muera para instrumentarlo.

En sitios donde ha habido mejoras sustanciales, el cambio ha ocurrido en periodos relativamente cortos, en países con culturas muy distintas, con niveles de ingreso muy diferentes, con divisiones étnicas muy marcadas, en sistemas federales y en sistemas descentralizados. A cada paso del viaje hacia la excelencia educativa hay estrategias comunes: México necesita dejar de mirarse el ombligo y estudiar lo que están haciendo otros países en el mundo.

Al país le urge mejorar la calidad de sus maestros, enfatizar la excelencia por encima de la cobertura, reclutar a sus mejores graduados y canalizarlos hacia la profesión educativa, otorgarle al maestro la autonomía y la dignidad perdidas. Todo ello requerirá un liderazgo para la transformación profunda que ha estado ausente hasta el momento en la SEP. El progreso modesto de los últimos años simplemente no es suficiente a pesar de la retórica oficial al respecto. México necesita un Secretario de Educación Pública cuya ambición sea ascender a los primeros lugares de la prueba PISA en menos de una generación, y no personas que calientan la silla detrás del escritorio de José Vasconcelos en espera de un dedazo presidencial. La SEP ya no puede seguir perdiendo el tiempo, conformándose con avances milimétricos, congratulándose con cambios microscópicos, manteniendo a los mexicanos rehenes de una educación que los condena a la mediocridad.

La ruta internacional a la excelencia es clara y con buena señalización; sólo falta la voluntad política para tomarla. En un mundo globalizado, el éxito estará definido por individuos y sociedades que logran adaptarse con velocidad y cambiar sin oponer tanta resistencia. Si no somos capaces de entender este "momento Sputnik" y los retos que implica, seguiremos atados a la tierra mientras los chinos ascienden a la estratósfera